La producción automovilística de España amenaza con sufrir una reducción importante para adaptarse a la crisis mundial. Por su parte, General Motors, Ford y Chrysler intentan sobrevivir al desplome que vienen sufriendo desde hace ya algunos años.

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Producción y matriculación no tienen por qué ir en paralelo. En España la exportación (ocho de cada diez coches se venden en el extranjero) determina el elevado número de unidades que salen de las cadenas de montaje. Sin embargo, la crisis puede frenar esta tendencia.

En el primer semestre, hemos salvado los muebles gracias a la evolución favorable de mercados como el francés y alemán, que copan casi el 30 por ciento de las ventas de la industria automovilística española al exterior. Pero hay claros indicios de que esta situación puede cambiar: al cierre de agosto, Francia redujo sus matriculaciones un 7,6 por cierto, Italia por encima del 26 y Alemania y Reino Unido que, todavía no han facilitado sus estadísticas, se mueven en conyunturas poco favorables.

De este modo, todos los fabricantes españoles ya han hecho sonar la alarma de una reducción del registro productivo que puede acarrear la supresión de turnos de trabajo y expedientes de regulación de empleo, tal como ocurrió en 1993. La Asociación Nacional de Fabricantes (ANFAC) todavía no ha modificado el pronóstico de estabilidad productiva que expuso a principios de año, pero ese inicio de atonía en los mercados externos y los desplomes en el interno, que pueden llevar a reducir las ventas al cierre del ejercicio un 30 por ciento seguro que tendrá consecuencias indeseadas en la actividad fabril.

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Fuente: motor.terra.es