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24 Jun
El Mitsubishi Lancer Evolution siempre se ha centrado en una parcela eminentemente práctica, renunciando a los lujos y detalles de otros modelos de automóviles superdeportivos para concentrarse en obtener la máxima eficacia sobre la carretera por encima de cualquier consideración.

En la saga del Evo, desde la primera variante a la IX, se han ido introduciendo continuos avances técnicos con el objetivo de seguir siendo referencia indiscutible con el cronómetro en la mano. Ahora, la dirección de la compañía pretende que haya un salto menos acusado entre el Evolution y el resto de la gama Lancer, pero eso no significa, ni mucho menos, que el recién llegado haya perdido cualidades, sino todo lo contrario.
La guinda tecnológica del nuevo Mitsubishi está en su tracción integral S-AWD, un sistema que gestiona de forma coordinada el funcionamiento de diversos elementos, a través de una unidad electrónica de control. Por un lado, el diferencial central activo (ACD) se ocupa de repartir la potencia del motor entre el eje delantero y el trasero, en función de las condiciones del suelo. Por otro, el control de derrape (AYC) distribuye esa fuerza a las ruedas del lado izquierdo y del derecho con el fin de contrarrestar la falta de adherencia en cualquiera de ellas.
Al mismo tiempo, el control de estabilidad (ASC) actúa, tanto sobre el encendido del motor, como sobre los frenos, interviniendo para ayudar a mantener la trayectoria correcta. Y, por último, todos estos sistemas trabajan de forma conjunta con un ABS deportivo, que incorpora un sensor para medir el ángulo de giro de las ruedas. La interacción de tan sofisticados mecanismos se traduce en una facilidad de conducción sorprendente, incluso en las peores condiciones.
El sistema de tracción S-AWD dispone de tres modos de funcionamiento, asfalto, gravilla y nieve, que debemos preseleccionar según lo deslizante que esté el suelo. Además, el Evolution ofrece la posibilidad de desconectar en tres etapas diferentes parte de esas ayudas electrónicas, de manera que tengan una intervención mayor o menor a criterio del conductor.
El motor del Lancer más veloz, aunque no cuenta con una potencia descomunal comparado con la de otros modelos, si la entrega desde bajas revoluciones. Más compacto y colocado 10 milímetros más bajo, para mejorar el centro de gravedad, utiliza el aluminio en una gran parte de sus componentes, razón por la que el peso se ha reducido en 12 kilos. La turbina del turbocompresor está hecha de inconel, un material muy resistente a la temperatura, empleado en los propulsores de Fórmula 1.
Habrá dos versiones de este nuevo Evolution, la GSR, con una moderna caja de cambios manual de cinco velocidades, de reducidas dimensiones y con un ingenioso sistema para suprimir los engranajes de la marcha atrás, y la MR, que junto a la deportiva transmisión SST de doble embrague y funcionamiento automatizado, dispone de algunas mejoras en el equipamiento como son las llantas BBS de aluminio forjado y de 18 pulgadas o las pinzas flotantes, en lugar de fijas, para unos eficaces frenos Brembo de discos ventilados.
El cambio SST tiene seis marchas y permite un uso manual secuencial por medio de la propia palanca o de las levas colocadas en el volante. La versión GSR cuesta 49.350 euros, mientras que el precio final del MR es de 57.950 euros.
Fuente: elmundomotor.elmundo.es
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